Cuando habiendo recorrido la casa y su patio una y otra vez sin encontrar acogida mis sentimientos, aparecieron esas pequeñas cosas que yo llamo los fragmentos de la niña, los recuerdos de la loca, los retazos de la infancia, las extensiones o el cordón umbilical que me atan a recuerdos, que despiertan sentimientos y que me congelan por momentos sin dejarme escapar del pasado, sin dejarme retornar al presente o por qué, no vislumbrar un futuro.
Esos son estos elementos, aquí están acompañados de mis palabras, pero lejos de ellas y quedando solo la presencia del caucho, el plástico y el trapo, reconstruyen en conjunto a la niña que internamente se niega a crecer, que internamente se niega a vivir, la que internamente aun corre por el patio atravesando el zaguán amplio que da al solar y se marcha, se pierde por el medio del olor a la conserva decembrina, la que poco a poco tras los palos de guanábana y cocotos encuentra su país de las maravillas y se adormece en este alejándose de las posibles realidades para esconderse del frío, y es así como se bebe la tarde, se viste de flores y finalmente al caer la noche se refugia en los halos de la niña del pasado, se reencuentra con sus objetos mágicos y halla otro mundo, otro caudal de ideas que la subliman, que la acogen y la aceptan sin importar por qué deja pasar sus horas viajando en ese mundo verde azul de la infancia, feliz de la compañía de sus objetos valiosos, los cuales se niega a arrojar a la basura, obsequiar o ceder, pues ellos cargan con el peso de las angustias, recuerdos, llantos y secretos que nunca deshabitarán la mente de su creadora y poseedora si las circunstancias del futuro se lo permiten.
(A la obra la acompañan algunos elementos que no aparecen en la foto de registro aun, al igual que un audio)
No hay comentarios:
Publicar un comentario