viernes, 14 de agosto de 2009

la casa
Inodoro, para muchos puede ser solo un elemento escatológico cargado de suciedad, al cual visitamos con frecuencia unos, o al menos dos veces al día otros. Para mí, un amigo que conoce no solo mi mas alta intimidad, sino también un testigo de la soledad y el temor, en el no solo se han depositado los desechos del cuerpo, también ha contenido mi furia, una furia que nace de dentro hacia el mundo, hacia un mundo que me es difícil interiorizar, aprehender, y en él, en el inodoro he depositado el llanto de mi cuerpo, de mi cuerpo solo y triste. Es quien me acaricia íntimamente cada mañana al ponerme en contacto con su tasa, es quien ha cargado con el temor fijo y constante a subir tan solo unos gramos de peso, tu inodoro, testigo de la bulímica que soy. Has permitido crear a tu alrededor un espacio único para pensar, para meditar, allí, sola, en el silencio de tu presencia; en ocasiones hemos compartido la lectura de algún texto (costumbre heredada de mi mamá), pues es cómodo leer sentada sobre ti. Tus olores nunca me incomodaron, a veces bastaba con disimularlos con un fosforo o un aromatizante, y la delicadeza con que te limpio cada vez que hay que asearte, no es más que un signo de agradecimiento a un amigo de porcelana y concreto que adorna mi baño y que descongestiona no solo mi cuerpo, sino también mis pensamientos.




la calle
Carro, nunca te he poseído compañero de viajes y de compromisos, compromisos de trabajo u otras veces de ocio, el hecho es que te has convertido en un segundo hogar para algunos, tú y tus componentes ponen a mover los impulsos de quienes te manejan, provisto de cuatro llantas trasportan a veces a los miembros de una familia entera cada cual a su destino sea el trabajo, la casa o la escuela y otras veces al común, pues en el caso del trasporte público tú te mueves por las calles recogiendo y conteniendo historias en cada una de las personas que frecuentan tus asientos. Eres un gran madrugador, usualmente sales cada mañana muy temprano para encontrarte en el camino colegas que cumplen con tu misma labor, que se agolpan tras tuyo y delante en una fila interminable, acompañado de tu aliado el pito y de tu enemigo el semáforo. En fin el caso es que en ti hemos encontrado un refugio, un segundo hogar; algunos aprovechan para dormir una siesta sobre tus cojines mientras otros comen y escuchan música o simplemente se concentran en observar por tu ventana las calles unas veces solas y tristes y otras veces repletas de lenguajes (pues afuera hay una historia en sí, construida por el paso de los transeúntes).Allí, afuera de ti, se mueve un mundo y dentro se mueve otro, tú me trasmites personalmente tranquilidad y me relajan tu ir y venir en tu contacto con el asfalto. En ti, dentro de ti mi vida es otra y me olvido de los problemas de dentro y de afuera; en oportunidades pienso que me gustaría tenerte, en otras no pues es interesante subirse a un trasporte público y ya no encontrar puestos, quedarte de pie abrigada por el calor de los que comparten tu posición, recibiendo de mano de algunos vendedores (que usan el bus como medio comercial) golosinas y chicles, o simplemente escuchando esa mezcla de sonidos y de lenguajes que se pierden en ese espacio que nos contiene para formar una maraña de palabras, expresiones e ideas que se apoderan de ti, para terminar explotándote en risas, finalmente exclamas ¡ Que mundo este!.